Un aeropuerto londinense para viajar al espacio a partir de 2018

elmundo.es/Lourdes Gómez

El Gobierno británico ha dado un crucial paso práctico en su ambición por convertir el Reino Unido en “el centro europeo del turismo espacial” con la selección de ocho emplazamientos idóneos para el transporte suborbital. Los candidatos se reparten a lo largo de la costa británica, con seis en Escocia y dos en Gales e Inglaterra, respectivamente. Todas las instalaciones funcionan hoy como aeródromos tradicionales pero solo una de ellas obtendrá la licencia para emprender viajes al espacio.

El primer aeropuerto espacial (o espaciopuerto) podría inaugurarse antes de 2018 si los planes y la agenda del gobierno avanzan al ritmo esperado. En el marco de la Feria Internacional de Farnborough, que reúne en la campiña inglesa empresas y técnicos de la industria aeroespacial, el primer ministro David Cameron dio a conocer los ochos candidatos seleccionados para competir en el concurso de adjudicación del potencialmente lucrativo negocio del turismo espacial. La decisión final está prevista de anunciarse en la primavera de 2015.

La selección de los aeródromos se ajusta a los requerimientos técnicos, medioambientales y de seguridad de la Autoridad Civil en Aviación (CAA, en sus siglas en inglés), que lleva más de dos años estudiando la propuesta. Entre sus recomendaciones se ha dado prioridad a zonas con densidad baja de población e instalaciones con pistas de aterrizaje y despegue de al menos 3.000 metros de largo o con superficie suficiente para alargarlas hasta los 5.000 metros.

La CAA también ha tenido también en cuenta el clima regional, en tanto que los vientos fuertes se ven como un impedimento al despegue del avión espacial y las nubes se interpondrán en las vistas de la Tierra que querrán admirar los turistas galácticos. Con precios por cabeza entre los 200.000 dólares que pide por adelantado Richard Branson para viajar en el Spaceship Two de Virgin Galactic y los 95.000 dólares que cobra la rival californiana XCor Aerospace, ningún aparato operará con cielos encapotados.

El rastreo del futuro espaciopuerto identificó en una primera fase 46 ubicaciones potenciales. La selección bajó a 26 en una primera criba, hasta dejar llegar a los ocho anunciados por Cameron. Seis aeródromos se localizan en Escocia: Stornoway Airport, en la isla de Lewis, junto a los viejos caladeros de pesqueros vascos; Campbeltown Airport, en el Mull of Kintyre, enclave famoso por su festival de música celta; Glasgow Prestwick Airport, probablemente el más cercano a un centro urbano. Los candidatos escoceses incluyen también tres bases militares: Kinloss Barracks, RAF Lossiemouth y RAF Leuchars, en la costa este.

En Gales, la CAA se decidió por LLanberg Airport pese a que su pista es inferior a 3.000 metros y su licencia está caducada. Newquay, en Cornualles, es el único aeródromo inglés que puede acceder al concurso.

 

Virgin Galactic aspira a iniciar vuelos con turistas en menos de un año. El sucesor de su primera nave espacial, el Spaceship Two, emprenderá la extraordinaria excursión desde su sede en SpacePort America, el aeropuerto espacial de Nuevo México con instalaciones diseñadas por el estudio de arquitectura Foster + Partners. XCor planea emprender rumbo hacia las estrellas en 2016 y otras compañías podrían entrar en órbita en la década de los 20.

Suecia tomó la delantera en Europa, con la apertura de un aeropuerto espacial en el Círculo Artico que se utiliza para probar cohetes. Reino Unido se apunta ahora a la nueva era del transporte con planes definitivos para garantizar una buena base a los operadores de viajes suborbitales, tanto para turistas como expediciones científicas o lanzamiento de satélites comerciales.

La CAA ha calificado las naves espaciales como “experimentales” dado el escaso rodamiento de la tecnología. El nuevo turista asumirá por tanto el riesgo de la aventura y no se beneficiará de los compromisos en seguridad de los medios de transporte público. Las naves espaciales volarán por rutas segregadas de las sendas que toman los dos millones de vuelos que cruzan el espacio aéreo británico cada año.

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