Preparados para morir

Desde hace un tiempo, se maneja el término “obsolescencia”, que hace referencia al momento en el que una máquina o dispositivo tecnológico ya no es capaz de realizar las tareas para las que esté diseñado, de forma eficiente.

Este término ha dado lugar a documentales sobre este tema. Uno de ellos es el conocido “Obsolescencia Programada”, en el que narran cómo los fabricantes “programan” la fecha de la muerte de un dispositivo, con objeto de mantener un mercado continuo de sus productos. Esto no es nuevo. Cuando se inventó la bombilla, éstas tenían un periodo de vida de años y años. Los fabricantes se dieron cuenta que una vez hubiesen cubierto la demanda, pocas más iban a vender ya que éstas no se fundían. Pensado cómo solucionar este problema, entre todos los fabricantes acordaron acortar el periodo de vida de las bombillas y así es hasta hoy día.

Y hablando de hoy día, la obsolescencia programada ya no es tan necesaria, ya que a los consumidores nos han adiestrado para que nosotros mismos elijamos el momento en el que nuestro querido y amado (y caro) dispositivo pasará a mejor vida. ¿Y cómo? Pues sacando nuevos modelos de un mismo dispositivo cada poco tiempo, desarrollando tecnologías no soportadas por modelos anteriores, bombardeándonos con las “mejoras” del nuevo modelo y sobre todo, creándonos la necesidad y la angustia de “necesitar” esas nuevas e increíbles prestaciones.

Si está pensando que usted no pertenece a este grupo de “influenciables” haga una cosa: husmee un poco por cajones, armarios, trasteros,… y anote el número de teléfonos móviles “difuntos” o no, que tiene en casa. Luego intente recordar cuándo adquirió el primero y calcule cada cuánto tiempo ha cambiado de móvil y por qué.

Aún así, somos muchos los que nos resistimos a cambiar de modelo o marca de dispositivo, ya sea porque no queremos desembolsar un puñado de euros o porque el aparato en cuestión sigue cubriendo nuestras necesidades. Enhorabuena entonces, pero esto en multitud de ocasiones plantea una dificultad, y es que el fabricante no está dispuesto a que se salga con la suya. Hacer que un dispositivo se averie en un par de años no es beneficioso para la propia imagen de marca. Imaginen si todo los portátiles de un fabricante conocido se averiaran a los dos o tres años. Nadie querría comprarlos. Por lo tanto hay que hacer que el portátil deje de funcionar correctamente, pero que a su vez no sea achacable al propio equipo. ¿ Y cuál podría ser la solución? Pues claro! La batería!.

Veamos, hoy día existen tecnologías sufícientes como para que las baterías tengan unos cuantos años más de vida. Por lo tanto, no es normal que el problema más común de los portátiles y otros dispositivos portátiles (teléfonos,tablets,reproductores,etc.), sea que al cabo de un par de años tengamos que ir con nuestro estupendo y carísimo portátil, buscando enchufes por todos lados o desembolsando euros y euros en nuevas baterías. Pero es lo que hay. No nos queda otra que aguantarnos. ¿O no? Pues igual no. Con un poco de suerte y un congelador, a lo mejor podemos emular lo que Jesús hizo con Lázaro y “revivimos nuestra batería”. En el vídeo que les mostramos a continuación, les vamos a explicar algo sobre las baterías en la primera parte y en la segunda les guiaremos en un proceso para intentar que usted reviva sus baterías.

No es un milagro, no es magia negra, tan sólo es un proceso en el que interviene la química. Antes de poder realizar el proceso que explicamos en el vídeo, tengan en cuenta que:

1-No siempre funciona y que en muchas ocasiones el problema de la batería puede ser una avería. En este caso, sí que tendrá que recurrir a milagros o a magia negra.

2-Dependiendo del tipo de batería (NiMH, Litio, etc.) esto puede funcionar en mejor o peor grado.

3-En algunos casos, hay que realizar el proceso un par de veces.

No queda más que desearles suerte y recordarles que sigan el proceso al pie de la letra.

 

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