Linux Magazine
Buenas razones para usar software libre

Paul C. Brown

El software de fuente abierta tiene soluciones para todo el mundo.
Las grandes empresas ya lo saben. IBM, Nokia, Mercadona y Gas Natural implementan soluciones corporativas de código abierto a muchos niveles de sus infraestructuras, pero el software libre también aporta beneficios a título individual.

En el software libre hay de todo.
Uno de los principales problemas para el arraigo del software libre en sus primeros años era la falta de aplicaciones. En los malos viejos tiempos se solía decir aquello de “Linux para jugar, Windows para trabajar”, por un lado porque faltaban aplicaciones de productividad (como un buen procesador de textos, hojas de cálculo fáciles de utilizar o un programa de contabilidad en condiciones donde llevar las cuentas domésticas o de una PYME), por otro porque era altamente especializado, coto privado de ingenieros y geeks. Sin embargo, las cosas avanzan que es una barbaridad y nada de lo anterior es cierto hoy en día. De hecho, si estás leyendo esto es porque probablemente ya conozcas algunos programas de software libre, incluso puede que los utilices a diario. Firefox, por ejemplo, es un navegador web sencillo de utilizar, con muchas más prestaciones que Explorer, que además es seguro, fiable y con un aspecto visual muy agradable. OpenOffice es un suite ofimático que comprende procesador de textos, hoja de cálculo, base de datos, una utilidad para crear presentaciones y un programa para el diseño vectorial que satisface las necesidades de cualquier usuario doméstico y profesional. The GIMP es un programa de diseño de bitmaps y retoque fotográfico que, sin llegar a los extravagantes límites de Photoshop, es tremendamente útil para corregir las instantáneas de las vacaciones, diseñar vistosas imágenes o incluso crear divertidos cortos de animación.

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Hay software libre para todo.
Tal vez lo más interesante de las aplicaciones anteriores es que no son de uso exclusivo para los geeks que saben de Linux, sino que son multiplataforma. Existen versiones para Linux, Mac y Windows de todos los programas mencionados y de muchos más. Esto significa que si nos da pereza o creemos no tener los conocimientos necesarios para dar el salto a otro sistema operativo, podemos seguir aprovechándonos de los programas libres en la plataforma a la que nos hemos acostumbrado. No hay una buena razón para no utilizarlos.

El software libre es barato.
Una de las cosas más agradables del software libre es que no hay que pagar caras licencias para poder utilizarlo. Los programas libres no son demos y no tienen ninguna restricción en lo que se refiere a sus funcionalidades. No caducan y no necesitan de claves de activación ni de (¡vade retro!) cracks para explotarlos a tope. Incluyen todo lo necesario de serie y normalmente son extensibles. Es decir, a través de plugins, pueden añadírseles nuevas funcionalidades. Los plugins también suelen ser gratuitos y de fácil instalación. Además, los desarrolladores de programas de código abierto, no sólo permiten copiar y distribuir sus creaciones, sino que te animan a ello ¿Quieres quedar como un héroe? Regálale un DVD lleno de fantásticas aplicaciones legales a un amigo.

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El software libre es seguro.
Muchos usuarios se amedrentan ante la perspectiva de que la instalación o configuración de los programas libres sea técnicamente complicada. En algunos casos es así y uno podría pensar que el tiempo que se ha pasado configurando es tiempo perdido y que lo podría haber pasado trabajando con otro programa propietario. Sin embargo, lo más normal es que el esfuerzo valga la pena. Sí, puede que utilizar Outlook y Explorer sea lo más cómodo, porque ya vienen ambos de serie, instalados y configurados en Windows. Pero sus fallos de seguridad que permiten que virus, troyanos y demás bichos maléficos invadan nuestro ordenador, destruyendo nuestros datos y ralentizando los procesos, ya hacen que las cuentas no sean tan claras. Si además tenemos en cuenta el tiempo y los conocimientos necesarios para limpiar de malware nuestro equipo y devolver todo a su estado original, se destruye completamente la falacia de la mayor productividad.

El software libre es educativo.
Uno de los primeros sitios donde la administración ha empezado a explotar el software libre ha sido en las escuelas. Esto ha propiciado un boom en el desarrollo de software educativo de licencia libre. ¿Te interesa la astronomía? Entonces no puedes perderte Stellarium para montarte tu planetario personal, ni Celestia, que te permite explorar el espacio profundo. Si lo tuyo es la aviación, aprende a volar desde un Cessna a un Concorde con Flightgear. Si necesitas algo más básico, para un niño de preescolar por ejemplo, échale un vistazo a GCompris, con módulos para aprender aritmética, geografía, ciencias naturales u ortografía de una manera divertida y accesible para los más pequeños. Y no podemos olvidar Squeak, un monstruo de aplicación o, para ser más exactos, un monstruo de entorno de desarrollo, donde tanto pequeños como mayores pueden crear todo tipo de actividades y presentaciones interactivas y, de paso, aprender a programar.

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El software libre es divertido.
A diferencia del software propietario, que viene empaquetado y bien empaquetado y que sólo puede ser utilizado para lo que ha sido diseñado, el software libre se caracteriza por su flexibilidad ¡no en vano todo se puede modificar! El software de código abierto es el camino de la aventura y experimentación. Si de verdad estás interesado en la informática y quieres saber cómo funcionan las cosas, tarde o temprano te seducirá.

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